Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.
Si usted está perdiendo peso o tiene problemas
con el sentido del gusto durante el tratamiento,
haga lo mejor que pueda en relación con
su alimentación y recuerde que estos problemas
usualmente se van solucionando con el transcurso
del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de
atención del cáncer que le refiera un
nutricionista, un experto en nutrición que le
puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos
de los efectos secundarios de su tratamiento.
Además, usted puede encontrar útil comer
porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta
que se sienta mejor y pueda regresar a un plan
más normal.
Una de las mejoras cosas que usted puede hacer
después del tratamiento consiste en adoptar
hábitos alimentarios saludables. Usted se
sorprenderá de los beneficios a largo plazo de
algunos cambios simples, como aumentar la
variedad de alimentos saludables que consume.
Trate de comer cinco o más porciones de
vegetales y frutas cada día. Consuma alimentos
de grano integral en vez de azucares y harinas.
Trate de limitar el consumo de carnes altas en
grasa. Disminuya el consumo de carnes
procesadas, como perros calientes, salchichas y
tocino. Si puede, trate de evitar estos
alimentos por completo. Además, si toma alcohol,
limítelo a una o dos bebidas por día. No olvide
hacer algún tipo de ejercicios de forma
rutinaria. La combinación entre una buena
alimentación y el ejercicio de rutina le ayudará
a mantener un peso saludable y hacerle sentir
más energético.

